11 de noviembre de 2015

Lo mejor y lo peor de las películas

En octubre me hice una maratón de 30 películas de terror que fui comentando de 4 en 4 en un total de 7 entradas. Os ahorro el problema de matemáticas, me he guardado 2 que son la que más y menos me han gustado del atracón que me pegué.

5 millones en digitalización de TODO para
luego poner un filtro IG por encima a TODO.
Lo peor: El vagón de la muerte, protagonizado por Bradley Cooper. Os intento relatar la experiencia de verla.


Empieza todo con tonos azulados en el metro y vemos como un tío muy grande se carga a un montón de gente, a lo que ya dices: "creo que no hacía falta digitalizar la sangre, el gancho, el vagón de metro y hasta la ropa del asesino, pero bueno". Se nos introduce a Bradley y a una de las protas de la serie Popular, su novia, él es fotógrafo y rarito. Su casa tiene todos verdosos que dan la sensación de que son unos guarros y no limpian. A la tercera o cuarta escena Bradley ya sabe quién es el asesino, al igual que nosotros. Resulta que el mundo exterior también tiene tonos azules de instagram.

La película empieza a perder el sentido.

Uno ve que se han esforzado quizá demasiado en digitalizar el vagón de metro para lo que aporta. El asesino es un carnicero, se sabe dónde trabaja, vive y de todo, así que uno pensaría que ya está la película. Pues no, solo van 20 minutos. El resto de la película se la pasa Bradley con la cámara persiguiendo al asesino, y no es que haga mucho más. La carnicería en la que trabaja es muy particular, los empleados trabajan prácticamente a oscuras y la luz es azul, como la del Sol, la del metro y la de todo en la tierra menos su casa, que es verde moho.

Tiene gracia, porque el asesino deja KO al prota varias veces pero no le mata en ninguna, simplemente le mueve de sitio, es un cachondo. Te das cuenta de que no se han gastado ni un dollar en sangre falsa, porque toda está hecha por ordenador, y muy mal hecha, por cierto. Al final matan al prota, pero en la última escena, el metro sigue más allá de la línea y llegan a una especie de cueva misteriosa (A LA QUE LLEGAN LAS VÍAS DE METRO!!) llena de hombres topo mutantes antropófagos. El conductor del metro revela que es el elegido por la secta de los hombres topo para mantener el equilibrio del universo y seguir proporcionándoles víctimas humanas para que no se rebelen sobre los humanos. Bradley muere a manos del conductor de metro. Fin.

Después de verla y quedarse con el culo torcido uno lee en iMDb que contaba con un presupuesto de 5 millones de dolares y llora por los niños de África.

Entiendo que 4 millones se fueron en digitalizar un vagón de metro desde todos los ángulos ya que sale durante unos 40 minutos de película, así que, en conclusión, el actor mejor pagado y el verdadero protagonista de la peli es el vagón de metro digital.

Ese corte de pelo es una película en sí misma.
Lo mejor: El bebé de Rosemary, protagonizada por Mia Farrow. Qué maravilla de película, y mira que tiene sus años ya. No esperéis ni gore, ni asesinos en serie ni mierdas y trucos baratos del cine de terror. Esta película es sencilla, elegante y de lo más angustiante que he visto en todo el mes. Ya antes de verla me dijeron que tenía que ver con algo tipo el hijo de Satán, así que cuando vi que Mia se quedaba embarazada y empezaba a tener dolores extraños me temí lo peor.

Tengo que hacer una mención aparte al corte de pelo de niña de colegio católico que se hace a mitad de película y por el que todos los personajes la tiran mierda. ¡Qué preciosidad y qué bien le queda! Termina de enmarcar al personaje y lo hace inolvidable. En general, todos los personajes son inolvidables y muy icónicos, los vecinos cotillas, el marido petardo, los doctores siniestros, etc.

Lo que mejor transmite la película es la sensación de paranoia y frustración. La chica sufre unos dolores de los que está totalmente convencida de que no son normales, pero no hay médico que le de importancia, dado que en el embarazo se sufren muchos dolores. Y es que el que ve la película también cree que no son dolores normales, igual que Mia, ¡y qué frustrante resulta que nadie la crea! Por otro lado, la muchacha comienza a darse cuenta de que su casa tiene cierta historia, y menuda historia. Por encima de la frustración que provoca la dejadez de los médicos tenemos la incredulidad de marido y vecinos respecto a todo lo que está descubriendo. ¡Qué sufrimiento!

Las últimas escenas son una montaña rusa de paranoia. No puedo contar mucho más sin estropear la película, simplemente quedaros con que es una genialidad.

3 comentarios:

  1. Uffff, nunca he podido con el Bebé de Rosemary, me parece superinquietante y me supera...

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