13 de agosto de 2015

Throwback Thursday: Chuck E. Cheese


Este paraíso ochentero me trae recuerdos de lo más alegres, pero cuando lo pienso en frío me da escalofríos. No había nada más casposo que celebrar tu cumpleaños en semejante tugurio, y no fueron pocos los que celebré aquí. Alguno mío, confieso.

Era el clásico centro de celebraciones para niños, en los que había un macro laberinto de toboganes con piscina de bolas. Era macro a escala americana, que la escala del resto del mundo se queda muy pequeña para medir el ocio yanqui. El más pequeño de los parques de bolas americanos aquí sería XXL. Pues en la escala de allí era colosal, así que imagínense. Aun siendo un niño percibía el hedor a pies rancios de infante y eso que de pequeño uno pasa por alto muchas barbaridades si van pintadas de colores y tienen bolitas. 

El laberinto estaba bien, pero aún mejor estaba el “Centro de ludopatía infantil para la ruina de las familias actuales y venideras”, también llamado recreativos. La gracia de estos recreativos no estaba en jugar, ¡qué va! Estaba en conseguir puntos y más puntos como si tu vida dependiera de ello, para lo que tenías que gastarte quarter tras quarter para que no te saliera el trágico GAME OVER antes de pasar por banca. Los puntos se traducían en cuponcitos de cartón que salían por las ranuras al terminar la partida, lo típico. 

Con los cupones uno podía hacer dos cosas, que separaban por completo a los niños vividores de los niños previsores. Los había que canjeaban los puntos de la noche al finalizar, presos de la euforia y el carpe diem mal entendido. Claro que en una noche no se consiguen demasiados, así que no podían aspirar más que a cuatro chorradas baratas de plástico y sin gracia. Luego los había que se los llevaban a casa y los guardaban para juntarlos con los cupones de la próxima visita hasta conseguir el objetivo deseado en función del objeto que quisieras. Sobra decir que yo era de los niños rancios y ordenados que hacían esto último. Llegué a acumular cantidades colosales de cupones con el fin de conseguir el único objeto que realmente me ilusionaba de todo el stand. 

LA BOLA DISCO DE COLORES. Era el que más cupones requería, pero era el más bonito con diferencia. No tenía una aspiración mayor que la de llegar al número de cupones necesario algún día. Pues bien, a día de hoy puedo decir con la cabeza bien alta que en los años que, estuve por allí conseguí ahorrar lo suficiente como para conseguirla. 

…Ahora coge polvo en el pueblo y se muere del asco.


10 comentarios:

  1. No, si mucho decir que eres un perrete pero al final vas a tener más fuerza de voluntad de la que dices. Desempolva la bola de vez en cuando aunque sólo sea para recordarte de lo que eres capaz cuando las fuerzas flaquean y la pereza acecha.

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  2. jajajajajajaja Madre mía, aspiraciones extrañas tenías. Realmente es una bola muy bonita, con tantas luces y eso xDDD
    Yo si iba a los parques de bolas, pero los recreativos no me terminaban de gustar. Aunque si recuerdo el tema de los puntos.
    Muy buena entrada.
    Besos!

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    1. Control the points, control the universe.

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  3. jajajajaja caray me has hecho recordar a mi sobrino, que cuando vamos al centro comercial desarrolla una fuerza hercúlea y me arrastra hasta las "maquinas" y acaba con mi presupuesto. Pero como me divierte verlo feliz lo complazco, el hace lo que tu, guarda los tickets y los estamos acumulando para un dinosaurio bien simpatico, a mi saldria mas barato comprarselo y me estresaria menos, pero se le ha metido en la cabeza que lo quiere canjear!!

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    1. Y lo feliz que le va a hacer conseguirlo!

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  4. Aunque el presente de la bola actualmente sea algo triste, en esto coincido contigo, yo también habría luchado con todas mis fuerzas por conseguir una. Ser un niño diferente también tiene su encanto.

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    1. Y ya si eres de jugar a economía doméstica, encima eres práctico.

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  5. No habrán salido guiones de películas de terror de Serie B de sitios como éste ni nada...

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    1. De hecho, hubo un asesinato real muy famoso en un Chuck E. Cheese.

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