16 de agosto de 2015

Sin Título

Todo aquello que crees que nunca te iba a pasar, ni a ti ni a tus conocidos, le acaba pasando a alguien, antes o después. Somos trozos de carne frágil sobre una estructura de calcio un tanto menos frágil. Claro que alguno de nosotros enfermará, claro que tendrá algún accidente, claro que atacará el cáncer y demás terrores de la vida. De joven la muerte parece algo tan ajeno y exótico, pero basta con tener un pequeño susto o accidente para darte cuenta de que no es así, de que aun con veintipocos años soy vulnerable a cualquier cosa.

Puede sonar casposo pero cada vez tengo más presente las 7 virtudes del Bushido a la hora de vivir mi vida. De todos los códigos morales que existen por ahí, me parece que éste es el más completo y sintético que hay. Al igual que pasa con cualquier religión, uno encuentra el sentido de estampar estos valores en tu estandarte en la inevitabilidad de la muerte. Claro que, en este caso, no se trata de un sistema de “puntos” para el que conseguir el premio deseado en la otra vida, o no.

Dado que no creo en la vida más allá de la muerte, mi único motivo razonable por el que intentar hacer el bien en vida es el de dejar atrás una obra de la que sentirme orgulloso. Da igual si se pierde en el olvido a la muerte de mis seres queridos. Quiero hacer de mi vida lo mejor que pueda llegar a ser por mí mismo, y solo por mí mismo, sin pretensiones de pasar a la historia ni nada de eso.

Tener presente a la muerte, para este objetivo, es bastante efectivo. Por su puesto que no es agradable y preferiría que no fuese así, pero dado que no tengo control alguno sobre ello, habrá que sacar todo lo que se pueda sacar de ello. Tener realmente presente a la muerte es como vivir con una llama bajo el culo mientras estás cubierto de queroseno. Sabes que antes o después te acabará prendiendo y terminará contigo. No puedes olvidarte jamás de la llama porque de vez en cuando te vierten otro bidón de queroseno encima. Ante esto uno no tiene más remedio que ponerse las pilas, mandar la procastinación al rincón del olvido donde pertenece y tener mucho cuidado de no perder el tiempo haciendo cosas que no le hagan realmente feliz solo porque se le ha dicho que hay que hacerlo. 

8 comentarios:

  1. Carpe Diem nene, vive el momento, puede sonar a muy visto pero no deja de ser cierto, es inevitable tener presente todo lo que nos puede pasar, pero tampoco hay que dejar que ello nos impida disfrutar de nuestra vida

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  2. Pues me parece una buena forma de pensar y actuar, yo también pienso de manera parecida pero en mi caso es más bien porque siempre me he dicho que no quiero parecerme a ciertas personas que tengo más o menos cerca y voy por el buen camino.

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    Respuestas
    1. Los malos ejemplos son os mejores ejemplos

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  3. La muerte la tengo presente... pero tengo otras cosas por las que preocuparme y actuar antes de que llegue. Está en el cajón de "Pendiente sin fecha".

    Un saludo.

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