16 de julio de 2015

Throwback Thursday: los hielos no se chupan

De pequeñito tenía muchas costumbres de niño curioso que le gusta experimentar con sensaciones alternativas. Ya os comenté el de las gomas, pero había otra cosa que también solía hacer. Me escabullía a la cocina cuando no miraba nadie, habría el congelador y me ponía a chupar hielos.

Los hielos saben a muchas cosas, sobre todo si los guardas en el cajón de otro tipo de comida y por aquel entonces no creo que hubiese un compartimento especial para los hielos, así que cada día sabía a una cosa. Cogía la bandeja, lamía los cuadraditos uno por uno y la volvía a dejar en su sitio como si no hubiera pasado nada. Higiénico, ¿que no?

Lamentablemente, y al igual que con el juego de las gomas, uno gana hasta que pierde. Un día fui a chupar la bandeja y al dar mi tan ansiado lametón vi que mi lengua se había quedado pegada por completo a la bandeja. Es lo que tiene la avaricia, si chupabas demasiado se te acababa fusionando la lengua.

Los nervios pudieron conmigo una vez más, di un fuerte tirón y me arranqué la bandeja de la cara. Miré el cuadradito que había chupado que ahora tenía una película marrón por encima. Era mi lengua. Empecé a sangrar como un marrano por la boca, pero no por ello estaba dispuesto a confesar. Siempre he preferido sufrir en silencio las consecuencias de mis fechorías antes que confesar y pedir clemencia.

Claro que mi madre se acabó dando cuenta al poco de estar desangrándome. Afortunadamente no es como mi abuela y le hizo más gracia que otra cosa.



12 comentarios:

  1. jajajaja pero chiquillo un poquito de agua caliente y se hubiera despegado sola, que brutejo nos has salido

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  2. Nunca he sido comprensivo con el mundo infantil, siempre he pensado como Liz Taylor en "La gata sobre el tejado de zinc"... "pequeños monstruos cuellicortos".

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  3. Vaya entrada más gore que te ha quedado :-S

    Un saludo.

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  4. Vamos, que si estamos tomando algo y me entran ganas de mear más me vale que me lleve la bebida al baño. Tomo nota.

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