29 de julio de 2015

El bosque se alza y una terrible blackface

Las dos películas siguientes no me entusiasmaron ni una cuarta parte que las anteriores. En parte por la historia en sí, en parte por cómo se llevó a cabo la adaptación, me explico.

La primera fue la adaptación de Macbeth en una película de nada más y nada menos que dos horas. La historia del clásico de Shakespeare lo conocía y me encantó cuando lo leí. Todo el rollo de las profecías tramposas y las puñaladas traperas a lo juego de tronos versión original no me podría gustar más. A pesar de esto verlo en una película me dejó muy tibio y no me entusiasmó. En parte por el ritmo de los diálogos tan clásicos vistos en un film, en parte porque ver a Orson Welles haciendo una obra de Shakespeare era como ver a un pez fuera del agua. No digo que no lo haga bien, sino que a mi no me gusta si cine de obras clásicas. Me gustan su cine negro de asuntos truculentos de los años 40.

Así pues, si Macbeth no me entusiasmó a pesar de que me gustase la historia,
Otello menos aun. No conocía la obra de Otello y después de haberla conocido a través de esta versión no me han quedado ganas de indagar más. Me pareció la versión descafeinada y sosa de Macbeth, sustituyendo las trampas sofisticadas del destino por marujeos entre consejeros y caballeros. Tema aparte el maquillaje de Orson Welles con la cara tiznada de negro a lo Baltasar en una carroza cutre de pueblo. Me aburrió hasta el punto en el que se me cayó la cabeza dos o tres veces y ni siquiera estaba atendiendo demasiado a los diálogos.

A este par de películas les doy un 6 y un 4, respectivamente. 

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