14 de junio de 2015

Diario de Pitágoras-Día 7

En el último día de mi estancia en Londres me levanté bien pronto, desayuné scones tostaditos de canela y pasas y otras tantas cosas. Hay que seguir sus costumbres estando allí, después de todo.

Cuando se levantaron mis anfitriones les llamé a la mesa. Una vez todos sentados en torno a mi desayuno, les comuniqué que había aprendido a abrir las puertas de Londres. Se miraron unos a otros, con sueño más que sorpresa, están acostumbrados a mis cosas.

Charles I (1640).jpg
Tuve que demostrárselo sacando mi cartera. Rebusqué hasta encontrar una moneda de 50 peniques y la coloqué sobre la mesa. Luego busqué una de 10 y otra de 2 y las coloqué justo encima a la izquierda y a la derecha, respectivamente. Cogí una de 5, colocándola en el centro del triángulo que formaban las otras 3 y la moneda de 20 la coloqué justo a la derecha de esta última. Pero cuando fui a buscar la de 1 penique me bajó un sudor frío por la espalda. No tenía ninguno.

Por mucho que rebuscaba en mi cartera no apareció una sola moneda más. Les rogué a mis amigos que me dieran algo y me dijeron que hace años hicieron un pacto prometiendo no darme nada más. Entonces recordé algo, alcé un dedo en el aire y suspiré. Mi amigo me dio ayer un penique, precisamente. Lo busqué en los pantalones que llevaba aquel día y ahí estaba, listo para ser colocado en el hueco que faltaba.

Lancé un ajá y se quedaron todos un poco igual. Les dije que miraran y se doblaron en torno a la mesa, para verlo un poco más de cerca. "Sí, claro. Es el escudo que se forma con las monedas. ¡Has descubierto un mundo, eh!"

Les miré con reprobación por su incredulidad, agité la cabeza hacia los lados con los ojos cerrados y les pedí que tuvieran fe. En cuanto todos ellos la tuvieron las monedas empezaron a brillar y del centro salió un holograma de un hombrecillo medieval con cara de hurón. Era Carlos I de Inglaterra, estaba muy contento de que alguien al fin hubiese abierto su mensaje oculto. Me dio las gracias, preguntó por cómo estaban los impuestos en estas fechas y tal cual vino, se fue.

Eso sí, las monedas ahora eran un verdadero escudo, pequeñito y coqueto. Sé por los libros de historia inglesa del siglo XVII que me leía mi madre antes de dormir que era el mismísimo escudo de Carlos I. Fue el que usó en la famosa batalla que tuvo con su mujer Enriqueta, por una discusión sobre unos caballos mal cuidados y otras banalidades. No fue una batalla cualquiera, Enriqueta era francesa al fin y al cabo. Con un golpe de escudo en el pandero pudo vencer a la bruja de su esposa, que se fue sin decir una sola palabra más y con las manos sobre el culo para aliviar el escozor.


Así pues, había llegado al final de mis aventuras en aquella isla. Les dije a mis amigos que ojalá no tuviera que despedirme y al instante aparecí ya en Madrid. Con la maleta hecha incluso. Miré la tarjeta de embarque de Ryanair y había sido marcada y todo, así que entendí que había dado un salto en el tiempo. Bueno, casi mejor que tragarse las colas y demás mierdas en el aeropuerto.

Me senté en el suelo y me acerqué el cofre que había llevado como maleta. Lo abrí y revolví entre todos los tesoros que me había ido encontrando por el camino: la moneda de dos caras de la anciana nazi, el recién adquirido escudo, la estatua de la diosa Bastet que había intercambiado en el museo por una copia de la tienda de regalos, un poncho mexicano que me dio un androide que trabaja en Google, incluso un gorro judío de mi amiga transgénero, que ahora también era transracial y quería que se la tratase como una judía de cuna.

Me puse el poncho y el gorro judío y bailé canciones del coro rojo de Rusia versión remix, porque, al fin y al cabo, si Londres se caracteriza por algo, es por la multiculturalidad.


10 comentarios:

  1. Quien pudiera, como tú, saltarse el aeropuerto, las filas y los vuelos. Por eso no puedo esperar a que existan cabinas de teletransportación.

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    1. Solo tienes que creer en ti mismo.

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    2. Pues lo he intentado cerrando los ojos, chocando mis talones y diciéndo "No hay lugar como X", pero nunca funciona. Quizas mis Converse no son tan poderosos como aquellas zapatillas de rubi...

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    3. Eso no es creer! Apenas es intentarlo! No sabes NADA Jon Nieve!!!

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  2. ¡Hala que chulo lo del escudo con las monedas!¿eso es de verdad?

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  3. He disfrutado mucho de tus aventuras por Londres, la ciudad que merece todas las visitas del mundo y que siempre te da un cara diferente: la multicultural, la más british, la kitsch, la ultramoderna, la cool, la rancia, la culta, la más turística, la de andar por casa, la más metropolitana... Le tengo debilidad.

    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias! Muy cierto eso, fue lo que más me gustó de Londres!

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  4. Madre mía, ¿y con tosos esos cacharros te dejaron pasar al avión? Eres mi héroe.

    Un saludo.

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