8 de mayo de 2015

La Isla sin rumbo

Hace poco deambulaba por la universidad en Madrid y llegó a mis manos un pergamino infernal con indicaciones de cómo echar tu alma a perder. Se trataba de una oferta vacacional hecha por y para chonis recalcitrantes, ofreciendo fiesta sin límites por 200 cochinos euros. El destino era Ibiza, así en general, pero yo que he vivido ahí, en seguida me di cuenta de que la estancia concreta la ofrecían en el infame pueblo de...San Antonio.

He de explicar que algún verano me ha tocado vivir ahí y sufrir estas ofertas vacacionales como residente. Se sufre porque el pueblo se cede por completo a estas hordas de fiesteros low-cost, todo está pensado para ellos y no hay medida que les sea desfavorable. A los residentes en cambio...os podéis imaginar. Y todo el porculo que dan lo pueden dar por unos asequibles 200 euros, que si me dices que dejan dinero real en el pueblo, en vez de esta limosna, y va a servir para mejorarlo...pues tendría un pase.

Desglosemos la oferta poco a poco. Este precio incluye 5 días en el hotel a pensión completa (desayuno, comida y cena), entrada a Privilege, Supermartxé y a Es Paradis, que de normal cuestan más de 40 euros cada una. También dos fiestas en Surf House con barra libre de bebida y billete a Formentera en barco con boat party en ambos trayectos, que el billete de normal cuesta unos 100, con boat party ni te cuento. Vamos que ya solo por lo que cuestan las discotecas, salen ganando.

Entonces, no me salen muy bien las cuentas. Qué mierdas dejan en la isla estos señores? Pues eso, la voluntad. La voluntad a cambio de hacer cualquier cosa que salga de sus salvajes y perversas imaginaciones, la voluntad a cambio de cagarse y mearse a diario en los portales de los residentes, la voluntad a cambio de poner house hasta en el supermercado a las 9 de la mañana, mientras los residentes tienen que trabajar y seguir con sus vidas como si no estuviera pasando nada. San Antonio vende su dignidad y su honor a cambio de la voluntad.

Pero no todo son risas y diversión en San Antonio, al menos hasta que el Demonio de la Isla decide atacar. Poco se sabe de este hombrecillo, puesto que no se ha visto de él más que su silueta por la noche. Viste de negro y siempre lleva el rostro tapado con una amplia capucha. Es evidente que no llegan los rumores sobre su existencia más allá del pueblo, los residentes no quisieran captar la atención hacia su pueblo por un motivo tan atroz. Bastantes problemas hay ya como para tener que preocuparse por él. No ha hecho daño nunca a nadie del pueblo y para nosotros eso es lo importante.

Se dice que este silencioso demonio vive entre las rocas de los acantilados cercanos a las casas y nunca sale de sus agujeros. Eso es, hasta que se ve obligado a ello. Bien por la sed de venganza o de sangre, alguna noche aislada se le puede intuir reptando por entre los árboles del pinar, o bien entre las aguas de debajo del puerto, pegado a los barcos fondeados y esperando. Simplemente esperando.

Claro que los turistas nunca perciben su presencia, tan ciegos como van de alcoholes y estupefacientes. Para ellos es invisible e indistinguible del resto de sombras de la noche. El furor artificial a menudo lanza a estos turistas a acercarse a la bahía, a juguetear entre las sombras de las rocas, o incluso a subirse al pinar para vete tu a saber qué.

El demonio espera toda la noche, y espera a estos momentos precisamente. Sabe que antes o después algún miembro del grupo se separara unos segundos para ir a mear en algún portal, o para ir a pillar más sustancias, o para lo que buenamente quiera su enferma mente. Entonces es cuando nuestro demonio sale de las sombras y con un ligero toque en el lugar adecuado hace que el temerario despistado que habita otro mundo mental se tambalee. Otro toque más y consigue lo que buscaba, poco puede hacer el guiri ante una caída de tal envergadura. Se golpea contra la dura y húmeda roca y con suerte pierde el conocimiento, rebota cuesta abajo entre las afiladas piedras y si tiene la desgracia de no haber muerto para cuando alcanza el mar, el efecto de los narcóticos impedirá que tenga posibilidad ninguna de salvarse. Desorientado, se hunde entre los barcos. Sin saber donde está, se ahoga antes de poder si quiera darse cuenta de lo que ha pasado. A veces al Demonio le basta con mostrarles su rostro bajo la capucha y sonreírles. Las intenciones reveladas en tan macabro gesto hace que griten de horror e, intentando huir, acaben precipitándose al negro mar nocturno.

Qué decir de la suerte que corre el resto del grupo. Una vez ha caído el primero, en seguida el miedo y la incertidumbre hacen que se tomen decisiones estúpidas (como si hubiesen cometido pocas esa noche). Uno a uno se encuentran en momentos aptos para el ataque del Demonio. Mientras este ríe y se regocija, ellos lloran lo que no han llorado cuando se cagaban (otra vez) en la puerta de la señora María. Ahora no ríen después de dejar el balcón de los ancianos Juan y Alba llenos de cristales de las botellas que se divertían encestando. Ya no ríen todo aquello que tanta diversión les proporcionaba a costa de la tranquilidad de los hombrecillos que sufren en su propio pueblo, en sus propias casas, verano tras verano, la invasión desmesurada de estos delincuentes.

Ya no ríen, no. Solo lloran desconsolados por sus vidas. Ahora el único que ríe es el Demonio de la Isla.

Una vez ha saciado su desconsuelo y ha disfrutado lo que no puede disfrutar de otra forma en San Antonio, el Demonio se retrae de nuevo a sus agujeros en donde desaparecerá de la vista durante otras tantas noches, para no llamar demasiado la atención. Los cuerpos de los turistas serán encontrados y se asumirá que habrá sido un accidente fruto de las drogas y el alcohol, su propio comportamiento tapa toda sospecha que pudiera recaer sobre el Demonio.

Creo que es evidente por qué sé tanto sobre este Demonio.

6 comentarios:

  1. Como decía mi ya famosa abuela: "ayy que demonio de hombreeee" :-)
    Es verdad que lo que tiene que sufrir la gente autóctona en esos sitios de turismo salvaje es un horror, y si encima no dejan un duro, ya es el colmo, no me extraña que dejen campar a los demonios-killer por sus respetos para que hagan un poco de justicia y les aligeren un poco el panorama de gentuza...
    Y entre horrible y horrible asesinato, ¿como pasas el rato en el agujero?

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    1. Pues tengo un blog y tal, sabes?

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    2. Jajajajaja.
      Jo vaya cuevas montan ahora con conexión a internet y toda la pesca...

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    3. No veas lo que me constó que los de Movistar me pusieran la antena de wifii

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  2. Y yo que pensaba que pertenecías a la especie más rara del mundo y eras un madrileño madrileño. Ibiza no me ha llamado nunca, es más, unos conocidos de mi familia son de allí y cuando tenían hijos pequeños se mudaron a Murcia para quitarse de ese entorno.

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    1. En realidad soy y he sido de muchos sitios. Soy todo un misterio y un enigma :P

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