31 de mayo de 2015

Cuaderno de Pitágoras-Día 3 (2º parte)

Lo que no esperaba es que al salir de aquella gruta hubiera pasado tanto tiempo. Ahora miles de turistas plagaban las callejuelas y tropecé con una horda japonesa. La moneda salió volando de mis manos y fue dando tumbos por una estrecha calle que pasaba completamente desapercibida.

Fui corriendo a buscarla y nada más torcer por la esquina me golpeé contra algo inamovible...


Al levantar la mirada vi un puestecito de bolsos de cuero, camisetas revolucionarias y un sin fin de cosas nazis. El puesto tenía un cartel de madera que leía "Hitler did nothing wrong". Detrás del stand me miraba, con un cigarrillo en la mano relajada y con el codo apoyado en su otra mano, la señora que me había regalado aquella moneda en la estación de Liverpool Street. Esta vez no sonreía, su gesto era gélido y desgarrador, a juego con las chapas y gorras nazis que vendía.

"I've been wondering when you'd show up". Le dio una larga calada al cigarrillo y lo apagó sobre uno de sus bolsos de piel que tenía entre tanta baratija. Entonces supe que debía preguntar por aquel a quien tengo que encontrar. Tan solo me dijo que Ella me daría las claves para encontrarle y poder cumplir con el objetivo de mi viaje. "¿Pero quién es Ella?", pregunté.

"Well, who do you think...?". Supongo que si había llegado hasta allí, por mera casualidad o no, no me costaría mucho descifrar a quién tenía que buscar. Y efectivamente, en seguida caí. No podía ser ninguna otra. Estaba en Londres al fin y al cabo.

Decidí que mañana sería el día idóneo, y la mera idea de ir hasta su guarida me mareaba, pero si me esperaba la recompensa que sospechaba, con razón no iba a ser fácil.

Ya me estaba dando la vuelta cuando la anciana me chistó. Me giré para verla mirar hacia los lados, comprobando que no había nadie escuchando. Volvió a cogerme el puño con sus dos manos, como la primera vez que la vi. De nuevo se acercó a mi oído y me susurro que debía tener cuidado ahora que sabía a donde ir. No eran bienvenidos los que querían encontrarse con Ella. Me dijo también que en las sombras se ocultaban los asiáticos, lo cual me pareció un poco racista, pero al fin y al cabo, llevaba un puesto de parafernalia nazi. Parecía que me iba a soltar cuando volvió a acercarse a mi oído para decir: "oh, and give me back my fucking coin", a lo que hurgó en mi bolsillo y me quitó la moneda. Claro que supongo que ya no la necesitaba.


Después de aquellas palabras de advertencia, todo el barrio de Camdem me parecía aun más tétrico y siniestro, como si hubieran aumentado la oscuridad de las sombras. Puede que fuera la paranoia, pero también me pareció ver miles de ojos brillar en cada rincón al que miraba. Me fui de allí con la sensación de que mañana iba a ser un dia duro.

10 comentarios:

  1. Vaya vacaciones dignas de Jiménez del Oso...

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  2. wow!! apurate que quiero leer el resto!!
    que feo! me hiciste recordar cuando fui a un barrio peligrosisisisismo en lima a atender a un paciente

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  3. Joder, es como encontrarse con el Oráculo de Matrix y que sea racista. Hitler did nothing wrong? Señora.... habla Vd. en serio? Mira que es grande Londres y te fuiste a dar con la loca negacionista.

    Un abrazo.

    Pd: Por cierto, o me equivoco totalmente o sé donde está ese puesto chino de la foto! WOW

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  4. Evidentemente ir drogado a Londres tiene sus consecuencias...😊😊

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  5. zaz que emocion y miedo XD jaja, bueno quiero seguir leyendo

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    1. Es que si no sigues leyendo te mueres, es así.

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