10 de abril de 2015

El Matadero 5 o cómo entré a por café y salí abducido por seres omniscientes

Lo recuerdo como si fuese ahora mismo y eso que fue hace 5 por eso de ver el tiempo de una ojeada, pasado, presente y futuro como si fuese un paisaje. Entré a por café y no tomé café, me compré un libro. Así fue.

El libro no era lo que se dice un libro normal, aunque de eso no tenia idea ninguna antes de comprarlo. Ahora si. Además yo era muy tacaño por aquel entonces a la hora de gastarme más de 3 euros en un libro. Ahora soy mucho peor.

Yo, de verdad que no quería, estaba tranquilo sin llevarme nada de esa cafetería-librería. Y ella decía, cómpratelo, cómpratelo que te va a encantar.

Pero que no, en serio, que prefiero tomarme un café. Y ella decía hazme caso, HAZME CASO POR DIOS.

Que no, que no; que sí, que sí. Cartera fuera y adiós café. Así fue como obtuve mi libro favorito (a fuerza de no recordar uno que me haya gustado más). Así es.


El libro es perfecto en sí mismo, es el tipo de libro que si escribiera algo con la mitad de humor del que tiene ya bailaría sobre vuestras tumbas. Lo tiene todo y es el único que he llegado a leerme dos veces. No una, ni dos, ni tres, sino dos. Hasta entonces el record estaba en una y 20 páginas.

Ahora es cuando hablo del libro.

Es de portada roja coqueta, con el título en un blanco puro sobre fondo negro muy serio. Pero no se deje engañar, no te juzga nunca. Es ligero y esponjoso y huele a vestuario de piscina: lejía y vapor de agua. Me gusta leerlo en el metro y a él le gusto yo. Somos lector-libro desde hace mucho tiempo y no cambiaría estos años por nada del mundo.


Diría que esta experiencia me ha enseñado a no ser tan tacaño con los libros, especialmente cuando insisten tanto en recomendártelo que te lo meten en la boca como si fueses un buzón. Pero sería mentira, no he aprendido nada. De hecho he olvidado varias cosas, y las que no me han quedado confusas. Tal es el poder de Matadero 5.

Fue en la cafetería La Fugitiva de Madrid, tenía 19 años y las manos limpias de crímenes y castigos. Ella era otra tacaña empedernida que no invitaba a café. El autor fue Kurt Vonnegut. La dependienta, no recuerdo, pero seguro que muy maja y correcta.

El protagonista del libro se llama Kurt Vonnegut y coincide con que es su propio autor. Esta es su visión de la Guerra:


Estábamos allí intentando recordar, y Mary continuaba haciendo ruido. Al final entró en la cocina otra vez y tomó otra cocacola. De nuevo sacó una bandeja de cubitos de la nevera, a pesar de que aún quedaba un montón de hielo, y la golpeó en la fregadera.
Después se volvió hacia mí, permitiéndome comprobar lo enfadada que estaba y lo culpable que era yo de su enojo. Había estado todo el tiempo hablando consigo misma, de manera que lo que entonces dijo fue sólo un fragmento de una conversación muy larga:
−¡Entonces no erais más que niños!
− ¿Qué? − pregunté.
− Durante la guerra no erais más que unos niños, como los que ahora juegan arriba.
Asentí. Era cierto, durante la guerra no éramos más que unos necios e ingenuos bebés, recién sacados del regazo de la madre.
− Pero no lo escribirás así, claro − prosiguió. No era una pregunta; era una acusación.
−Yo... no sé −balbucí.
− Pues yo sí que lo sé −exclamó−. Pretenderás hacer creer que erais verdaderos hombres, no unos niños, y un día seréis representados en el cine por Frank Sinatra, John Wayne o cualquier otro de los encantadores y guerreros galanes de la pantalla. Y la guerra parecerá algo tan maravilloso que tendremos muchas más. Y la harán unos niños como los que están jugando arriba.
Entonces comprendí. Era la guerra lo que la ponía fuera de sí. No quería que sus hijos ni los hijos de nadie murieran en la guerra. Y creía que las guerras eran promovidas y alentadas, en parte, por los libros y el cine.
Así pues, levanté mi mano derecha y le hice una promesa.
−Mary −dije−, no creo que nunca llegue a terminar ese libro. Hasta este momento habré escrito por lo menos cinco mil cuartillas, y todas las he quemado. Sin embargo, si algún día lo termino, te doy mi palabra de honor de que no habrá ningún papel para Frank Sinatra o John Wayne... Y además −añadí−, lo llamaré La Cruzada de los Inocentes.
Después de eso, Mary O'Hare fue amiga mía.



3 comentarios:

  1. Mañana iré a Dresde.
    Poco después intentaré conseguirlo para leerlo.

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  2. No he oído más que cosas buenas sobre éste libro, tu post ya ha sido definitivo, me tengo que hacer con él

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