31 de julio de 2011

Ratones

Quizá sea el acre olor a manzana verde de los ratones que me mantiene despierto a altas horas de la noche. Quizá sea el burlesco traginar de sus traviesos planes, siempre enfilados hacia los más iracundos (mi erizo).
Quizá sea la envidia de la habilidad del poeta para hacer con los sentimientos, que no palabras, lo que le plazca.
Siento que debajo de todos los viejos bártulos de experiencias pasadas he encontrado un par de botas nuevas. Unas botas agresivas con las que por fin poder darle patadas en la entrepierna a Mi diablo.
La fluorescente rojez en los ojos de mis roedores me recuerdan que yo también soy un monstruo. Reencarno la piel de cuero carmesí del demonio que antes me pudo. Yo tengo el poder, yo tengo La risa.


Bubó y Nica. Sí, su existencia es una broma.


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