16 de diciembre de 2010

Tiza de colores

Dejo una historia que escribí que no tiene nada de reciente. No sé de cuándo es. Podría averiguarlo investigando un poco mi huella digital pero tengo cosas mejores que hacer, así que quedáos con que es de antaño. El dibujo también.

    El sol, mucho sol y unas volubles motitas de colores. Era todo lo que veía Jack al abrir la puerta de su casa. Incluso al recorrer gran parte de su jardín las manchas le seguían allá a donde fuera su vista. Se paró al fijarse en lo sólidas que le resultaban las sombras de los árboles aquella mañana. Un día demasiado soleado para otoño.
El timbre de una bici lanzó una advertencia a Jack. Un paso hacia atrás y el chico de los periódicos pasó levantando las hojas a su paso. Le entregó el diario matutino al hombre, no sin antes lanzar una mirada indiscreta a sus pies.
    -¿Hijo, cuál es tu problema?
    Jack intentó alcanzar los ojos del joven con los suyos pero éste le rehuía.
    -¿Me oyes, chico?- No recibir respuesta siempre le mosqueaba.
    -¡Oh, Jack! Estás ahí,- la cabeza de su vecino emergió de entre unos arbustos
cuidadosamente
recortados. Le resultaba enfermizo. Ya podría estar quemándose el vecindario que no levantaría la vista mas que para lanzar uno de sus comentarios correosos. Después vendría aquella irritante risa sarnosa. -Hace buen día, ¿verdad?
Jack se dio la vuelta para saludar sin ánimo para ello, a lo que el chico aprovechó y se escabulló sobre ruedas. -¿Qué tal Bobby? Sí, menudo sol hace hoy.
    -Y que lo digas, parece que l-las...las...Oye Jack, ¿por qué no tienes sombra?
Jack arrugó toda la cara. Las tonterías también le mosqueaban. En silencio miró hacia abajo para darse
cuenta
de que, tontería o no, no tenía sombra.
    -Vaya...-Se llevó una mano a la cabeza para rascarse la nuca. Con la mirada gacha permaneció pensativo un buen tiempo. Sin embargo, por mucho que reflexionara aquello de no tener sombra no hacía más que desanimarle.
    El sol subió hasta el punto más alto, Bobby terminó con sus setos y ya comenzaba a atardecer. El tormento de Jack le dejó anclado en el sitio, sin poder preocuparse por nada más que de su imposible circunstancia. No pronunciaba palabra, tan solo se dejaba consumir en el pesar.
    -Ahora se te está yendo el color, Jack- Bobby abrió su tumbona mientras miraba ocioso    los cambios que le sucedían a su vecino. -¿Qué será lo próximo, vas a evaporarte sin dejar rastro?- Risa sarnosa. Cubrió sus desvergonzados ojos con las ridículas gafas de sol de su mujer y se tumbó de cara a Jack.
    Los niños del barrio pronto se reagruparon en las calles tras volver del colegio, aprovechando las últimas horas de sol. Divertidos por la desgracia del hombre se reunieron en torno a él. Correteaban entre sus piernas, reían, preguntaban con pequeños tirones de sus pantalones, cuchicheaban entre ellos y volvían a reír. Sobre todo reían. Con alegría, inocencia, curiosidad. Algunos aprovecharon la novedad de tener un hombre sin color ni sombra impasible en el pavimento. Con una tiza de color por niño emprendieron la tarea de pintarle una sombra a Jack. Tras más risas infantiles consiguieron una imagen deforme, retorcida, incompleta y vistosa. Una sombra de colores para un hombre gris.

1 comentario:

  1. ¡Es estupendo!
    Me encanta tanto la historia como el dibujo. Enhorabuena.

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