25 de diciembre de 2010

It's a Christmas Miracle!


Sucedió un hermoso día de navidad, en un edificio de vecinos cualquiera, a una familia promedia. Nos dirigíamos a hacer unas visitas familiares cuando surgió una duda en la mente de mis padres: 'hemos dejado la llave puesta?'.

En efecto, lo habían hecho. Eso nos dejaba en la calle el día de navidad, totalmente subyugados a la disponibilidad y los deseos económicos de los cerrajeros.
Por muchas veces que intentaban meter la llave en la cerradura como si no hubiese pasado nada, aquello no se movía. De pronto todos nos vimos gritando sugiriendo educadamente nuestras fórmulas mágicas: '¡Pero gira a la derecha!!¡A la izquierda!¡Tira y empuja!¡Dale!¡A la izquierda!¡Más fuerte hacia tí!¡Hacia mí!¡Dos tercios hacia mí, uno hacia tí!¡Rosebud!¡Hacia la otra derecha!¡Con los dientes!¡Rohirrim!¡Salta, salta, salta!¡Menú Big King!'

En la siguiente escena hay unos fragmentos de tarjeta de crédito en el suelo y mi padre está decidido a derribar la puerta a culetazos. Como es de esperar los vecinos alarmados y corroídos por la curiosidad salen de sus cálidos hogares a contemplar la escena. No, no se quedan contemplando, también dan sus recetas mágicas: '¡Pero gira a la derecha!!¡A la izquierda!¡Tira y empuja!¡Dale!¡A la izquierda!¡Más fuerte hacia tí!¡Hacia mí!¡Dos tercios hacia mí, uno hacia tí!¡Rosebud!¡Hacia la otra derecha!¡Con los dientes!¡Rohirrim!¡Salta, salta, salta!¡Menú Big King!'

Nuestro vecino de al lado en lo que duró el griterío de sugerencias, ruegos y preguntas estuvo armándose de plásticos de todo tipo de grosores y consistencias para usar la técnica de la tarjeta de crédito. Ante la indudable estampa de un experto abre-puertas mi padre le cedió los derechos del allanamiento de nuestra morada. Plástico tras plástico la puerta quedaba intacta. Al menos la puerta es bien segura.

'Nada, he abierto un montón de puertas de este edificio pero la vuestra se me resiste'.
Sin saber muy bien como tomarnos esa valiente confesión decidimos rendirnos y llamar a un cerrajero.

'Buff, os va a soplar 600 pavos mínimo el muy cabrón.'
Sí, gracias por el recordatorio.

Tras la comunicación de la posible tardanza de tres horas del cerrajero los vecinos volvieron a sus comidas-solapadas-con-la-cena y nosotros hicimos una asentada en el pasillo. Tras un silencio que chocaba a la acústica anterior, propia de la bolsa, oímos un gruñido grave y gutural, muy masculino, como el ronquido de un oso. ¡La gata! Nos habíamos olvidado de ella. ¡Aun quedaban esperanzas! Cualquiera diría ¿pero qué esperanzas? Pues sí, esperanzas, sí. Porque mi gata tiene el extraño fetiche de abrir puertas (también tiene un extraño fetiche por las tapas de bar, sobre todo las cortezas de cerdo y las aceitunas con anchoa). Inmediatamente todos giramos nuestras cabecitas coronadas con estúpidos gorritos hacia mi madre. '¡Habla!', dijimos en coro.

En mi familia es bien habitual presenciar el fenómeno de la comunicación sin barreras raciales entre mi madre y mi gata. Las dos pueden pasarse horas pronunciando las más elaboradas onomatopeyas escuchadas desde el idioma na'vi. Sabemos que esa extraña lengua de ronroneos y sonidos guturales proviene en su fase primitiva de maullidos de gato comunes, pero solo porque hemos observado el avance de la lengua.

El caso es que unos minutos después la gata abrió la puerta y se asomó para recibir la patética estampa de todos sus dueños tirados en el suelo del pasillo. Debió de sumar muchos puntos en su conciencia de clase, si es que no se ve ya en lo más alto.

Este ha sido mi pequeño milagro navideño, y como solía decir mi abuela gallega ficticia: Bo veciño é estar agradecidos. Entón, deixa gracias a Deus polo que El lle deu[Galego non é falado?]. Así que no quería olvidarme de darle gracias al Verdadero y Único responsable de esto: Royal Canin. Por sus alimentos ricos en fibras y psyllium, que desarrollan al máximo las capacidades cognitivas de mi gata. Por el alto contenido en proteínas (40%) y L-carnitina que ayuda a preservar la masa muscular, necesaria para el más eficiente de los saltos hacia los inalcanzables manillares. Te doy gracias, Royal Canin Light 40 Formato 2kg, por hacer que tengamos un techo bajo el que dormir en navidad.

3 comentarios:

  1. ¡Rohirrin!
    Jajajaja, me ha encantado la entrada, no sé hasta que punto es ficticia y donde comienza lo real, pero sé que está genial y buscarle los limites le quitaría la gracia.
    ¡Feliz Navidad!

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  2. Hola, yo estoy convencido de la veracidad total e íntegra de tu relato, y, aunque borraste mi anterior comentario de alabanza, vuelvo una vez más a la carga, sin desfallecer ni un poquito.

    Es supermegagenialosso el estilo, sí, sin duda, necesitaría más de dos endecasílabos para poder ensalzarlo como Dios manda. Sigue así, por favor,,, (comas suspensivas, aumentan el suspense)

    ¡Feliz día de la Epifanía!

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  3. Eso es una calumnia!!! Te juro por la JLA que no borré nada!

    Feliz Kwanza a todos!

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