24 de diciembre de 2010

El confuso nudo de la corbata

Jack intentó arreglarse la corbata frente al espejo una vez más. Sin embargo, su reflejo no parecía estar muy convencido. Se le notaba incómodo, tenso, nervioso, incluso le temblaban las manos. Jack no trató de esconder su decepción y echó la mirada al suelo.

-Sabes perfectamente lo que tienes que hacer,- le decía- no consigo comprender por qué eres tan incapaz de ello.

Jack reflejado percibió una vez más el sentido del deber incumplido y, lejos de estar próximo a recomponerse se desvió del camino a seguir.

-Tan solo observa, mira como paso la manos por el nudo. Limítate a copiarlo, sigue la idea en nuestra mente. Venga, hagámoslo a la vez, con naturalidad. Créeme, es necesario.

El reflejo, sin sorpresa alguna del hombre, sudaba de calor. Se calentaba por la desazón. Desazón traida de la falta de cordinación con uno mismo.

-¡No lo entiendo, Jack!- El hombre a pesar de saber que gritarse de esa manera era desatinado, no encontró mejor manera de ayudar a su reflejo.-¡Lo único que te pido que hagas es que nos armonicemos!¿Es acaso tanto?

Jack reflejado alcanzaba su límite. El sudor y la asfixie le bloqueaban. Se desaflojó el traje y ante todo evitó el contacto directo con sus ojos. De forma autómata huyó de sí mismo, se dio la vuelta y se alejó con pasos torpes y temblorosos que terminaron en una bufona carrera hacia la puerta del espejo. Con frecuencia echaba la vista atrás, inseguro, cuidando que el hombre no se indignase en exceso, dejando espacio para una futura reconciliación. Al fin y al cabo las consecuancias de la ira de Jack iban a lacerarle a él, el mismo.

Jack por su parte decidió intentarlo más tarde.

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