12 de diciembre de 2010

Bienvenida toda causa egoísta con consecuencias altruistas

En mi segundo año como universitario echo en falta algo muy importante. El año pasado decidí apuntarme a un voluntariado que, en Madrid, organiza la UAM. Se trata de dar una especie de apoyo social a personas de todas las edades con TEA (trastorno del espectro autista). Hasta el momento no me había parado en serio a reflexionar sobre el alcance que tuvo el programa y mi participación respecto a sus objetivos y ya iba siendo hora.
En los seminarios previos a la puesta en marcha de todo esto nos dejaron claro dos cosas. La primera, que toda teoría psicológica acerca del comportamiento humano era meramente orientativa y que primaban los recursos personales a la hora de resolver cualquier conflicto frente a métodos supuestamente científicos. La segunda fue el objetivo primordial del programa: ''que el voluntario haga de puente entre la persona y la sociedad''. En ese momento no sabía a quién iba a dar apoyo, así que no sabía que fuese imposible cumplir el objetivo.
El primer día en el que conocí a la familia y al chico autista vi que mis ideas anteriores sobre lo que es una persona autista no alcanzaban ni remotamente a la realidad. No hablaba, no sabía leer ni escribir, no se comunicaba de ninguna manera. Practicamente no hacía nada en absoluto aparte de hacer gestos muy de vez en cuando para indicar que necesitaba tu ayuda para abrocharse un botón o algo semejante. Eso es todo. Recordé una de las características del autismo que nos explicaron en los seminarios y me llamó mucho la anteción. Algunas personas con autismo no reconocen a los demás como seres sociales, apenas como seres vivos. Quiere decir que somos meros instrumentos a sus ojos, cuando tienen sed hacen el gesto y les damos agua, cuando no alcanzan a coger algo hacen el gesto y se lo acercamos, la capacidad empática es nula.
Ese primer día le pregunté a la madre qué esperaba de este programa, me dijo que siempre había deseado que su hijo aprendiera a relacionarse con otros chicos de su edad y pudiera estableciera una relación humana. Me lo dijo con cierta verguenza, como quien te confiesa que siempre ha querido actuar en Hollywood aun sabiendo que nunca lo va a hacer. No la contesté nada, porque entonces también supe que no iba a ocurrir.
¿De qué sirvió todo aquello si era imposible que el chico tuviera cualquier tipo de contacto con la sociedad? No había conocido a ningúna otra persona con autismo, solo tenía constancia de esta familia en particular y lo que suponía todo aquello para ellos. Nunca me había metido en lo más íntimo de una familia que no fuera la mía, escuchando sus problemas, viendo su rutina y observando sus relaciones. Supongo que en todo un año de apoyo no conseguí que el chico se comunicara, tampoco era de esperar, pero sí que serví de apoyo, si no al chico, a la familia en conjunto. Empaticé con los padres cada vez que ocurría un 'desafortunado incidente', como cuando se comía las patatas de los desconocidos en el McDonalds (realmente no sentía verguenza alguna, lo cuál me fascinaba), o las veces que indignado con su tiro jugando a los bolos corría por la pista para tirarlos a patadas, con el correspondiente malestar de los encargados de la bolera. Llegué a comprender lo que sería tener que cuidar de alguien con autismo, eso fue suficiente para hacer feliz a los padres y liberar ligeramente su carga (no la de tener un hijo con problemas, por supuesto, sino que nadie sepa lo que supone eso). Es más, pudieron salir los dos juntos gracias a que me tenían de 'niñero'.
Como he dicho, hasta entonces no tenía ninguna otra referencia de cómo es alguien con autismo hasta el último día del programa, en el que todos los voluntarios y todas las familias nos reunimos en una especie de fiesta veraniega en la UAM. Comprendí por qué hacían tanto incapie en considerar el autismo como todo un espectro de síndromes. No conocí dos personas autistas con las mismas características, de hecho me sorprendió ver que casi todos hablaban tan bien como cualquiera de su edad. No solo eso, muchos de ellos eran de lo más cariñosos y sociables, sobre todo los más pequeños. Sin duda el programa Apuntate les habrá sido de gran ayuda a casi todos, lamentablemente el muchacho del que estuve cuidando todo un año era de los casos más extremos, estaba totalmente limitado y nunca, nunca conseguiría lo que los demás, muy a pesar de los deseos de su madre.
Así que en definitiva saqué en claro lo útil que puedes resultar a cualquier desconocido y lo mucho, muchísimo que se aprende con cada caso particular. Solía cuestionar los motivos que llevan a alguien a hacer un voluntariado, si querrá sentirse mejor consigo misma, si querrá que admiren su persona. Cualquier motivo que te lleve a hacerlo importa infinitamente menos frente al mero hecho de hacerlo.

Recomiendo un buen libro que me prestó una buena amiga acerca de los más peculiares casos de trastornos psicológicos El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Cada persona es un mundo, y si te parecen todos iguales es porque no te has parado a conocerles.

http://www.programaapuntate.com/

4 comentarios:

  1. Buenas
    la verdad esque es la primera vez que le veo hablar/escribir de esta forma, nunca le habia escuchado que el voluntariado le habia echo sentir o pensar de esa forma, eso puede significar que la verdad esque no le conozco, pero aunque no le conozca realmente, me gusta ver que cosas que en un principio le ocupaba solo momentos de su vida le hayan marcado, eso es bueno y eso se nota en la persona, con esto se puede comprobar el tipo de persona que eres o llegaras a ser, y creo que por ahora voy bien encaminada a como va a ser ustez en un futuro...
    espero seguir leyendo sus escritos
    saludos
    E

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  2. Me encanta cuando me hablas de ustez! XD

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  3. ¡Ya era hora Andrés, ya era hora! :)echaba de menos tus reflexiones, era necesario que te hicieras un favor y tuvieras un blog en condiciones al que maltratar.

    Me gustaría que subieras tus cuentos, como aquel que me gustó tanto de un hombre que se deshacía y niños que pintaban su sombra con tizas de colores...¿Y sabes qué? me encantaría que escribiéramos un cuento juntos.

    Y dicho esto, muy buena entrada. Tenía muchas ganas de escuchar una conclusión sólida después de tu año de voluntariado, teniendo en cuenta además que lo que tú hiciste, precismente por lo poco espectacular, por su condición de causa "menor" ignorada frente al voluntariado más de moda (causas lejanas e intrépidas: salvar las ballenas de Japón, los niños de las favelas, los cultivos indígenas) me parece especialmente admirable e interesante. Muy buena ( y necesaria) forma de acercarnos una realidad tan cercana que pasa completamnte desapercibida. Felicidades.

    P.D: ¿fui yo quién te prestó ese libro? :P

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  4. Me mimas demasiado con estos comentarios :P y sí, fuiste tú, nadie me deja semejantes bizarrías de libros.

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